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Llegó nuestro adiós, Mariela

Querida Mariela:

Sinceramente, desde que empezamos a tener nuestros roces y problemas, cuando comenzaron a llegar las discusiones y enfados tontos, creí que estábamos abocados a este fin. Nunca fue mi deseo, lógicamente, pero sí veía un destino incierto, y se cumplió. Por desgracia, ya no somos ni siquiera la sombra de lo que fuimos tiempo ha.
Mariela, nunca quise perderte, y sé que tú tampoco querías. Luchamos por mantener un barco que iba a la deriva, que parecía encallar en las rocas de los celos y el desencanto. Poco a poco, aquel barco que creímos insumergible, nuestro particular Titanic, se hundió merced de las aguas. ¿Qué nos pasó, Mariela? ¿A qué se debe tal desastre? ¿Tal vez nos quisimos demasiado? ¿Tal vez no soportábamos vernos en brazos de otros ni siquiera por un instante? Mariela, yo te quise mucho, y sé que tú también me quisiste mucho, pero ahora entiendo que en esta vida todo toma su final, y antes o después tenemos que saber cómo dar por finalizadas ciertas cosas. Tal vez quise retenerte más de lo debido, o pudiera ser que tú no supiste esperar lo suficiente para ver cómo iba a seguir aquello.
Hoy te vi, Mariela, y tú también me viste. Primero, de refilón; saliste por la puerta rápidamente, sin mirar atrás. Bajaste la cuesta con mucha celeridad. Me fijé en que no llevabas aquel bolso que yo te había regalado, tal vez por la de recuerdos que guardas en él, tal vez porque no te apetece llevarlo. Te seguí, pero porque llevaba hoy la misma ruta que tú. Nos volvimos a ver más adelante. Me escrutaste durante unos segundos de lejos y sé que me odiaste y me quisiste en esos momentos. Nos miramos desde nuestras miopías y sé que mezclamos en un mar de sentimientos todos los recuerdos que atesoramos: aquellos callejones en la noche, los escaparates de las tiendas abandonadas, los bares y pubs donde parábamos, los garages, los parques… Tal vez aquella sea la última imagen que tengas de mí antes de que mi vida cambie, porque va a cambiar, Mariela.
Y ya no sé qué más escribirte, Mariela, porque todo lo que he podido decirte, contarte, hablarte, susurrarte y murmurarte ya lo conoces. Tan solo quería darte la despedida que tú nunca quisiste concederme, la que realmente nos merecíamos.
Buena suerte en todo lo que hagas, Mariela. Siempre te recordaré desde el cariño.
Andrew Trece
“But don’t look back in anger I heared you say”

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Lo que te hace grande

Me hace gracia que te enfades por cualquier tontería, que te cabrees conmigo, que pases un par de días molesta. Me hace gracia, pero a la vez me encanta porque luego recibiré un mensaje tuyo, en el momento menos esperado; un mensaje que rezará lo siguiente: “Bla bla bla…te echo de menos.” Y a mí, que no soy de piedra, que siento y padezco como el que más, me dará un giro al corazón, no podré evitar sonreír y la gente a mi alrededor se percatará. Pero me da igual, es más, me alegra que los demás se enteren de que soy feliz así. Y te respondo al mensaje con otro del estilo, y espero con ansia otro tuyo, y así una larga cadena que termina allá donde el saldo de mi tarjeta prepago no llega.

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E pur si muove

Hay lugares, y sueños; hay personas tras las palabras. Hay historias en las historias, y metáforas en las frases. Hay ciudades donde llueve sin descanso y playas de arena ardiente. Hay amores escondidos en corazones que se niegan a latir por ellos mismos. Hay pasiones en las esquinas de circunferencias perfectas. Hay poesía en la prosa y prosa en la poesía. Hay revolución en la paz de la brisa. Hay hielo en el Sol y día en la Luna. Hay flores marchitas embelleciendo tu jardín. Hay ceniza en tus labios consumidos.

Hay mujeres de ojos verdes. Hay hombres de pelos azabaches. Hay besos a traición y roces que hieren. Hay bandas sonoras del día a día. Hay música en los versos. Hay versos sin música.

Aún quedan mil portales por mancillar, setenta cigarrillos por fumar, cien cervezas por beber; aún quedan canciones por cantar e historias por leer. Aún quedan caminos por andar.

Gracias a todos por hacer de este espacio un lugar con mucha vida aún. Gracias por estos dos años.

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El ¡Qué me dices! de la información musical

En eso se ha convertido la “prestigiosa” revista Rolling Stone a nivel nacional, dentro de las fronteras de España: una continua serie de despropósitos vienen acentuándose desde el año pasado. Con un formato más que cerrado, los lectores apenas pueden verter su opinión sobre los contenidos de la revista, la cual, desde hace bastantes meses, no deja de introducir números con supuestas listas elaboradas por colaboradores “de talla” y por músicos de fama, listas sin criterio que ensalzan lo que realmente le interesa a la dirección de la misma y critican o dejan de lado grupos que, por mero egoísmo, no quieren citar. Las críticas no se quedan atrás: hace cosa de un mes la tomaban con Fito y Fitipaldis, acusando al cantante bilbaíno (uno de los mejores rockeros del panorama nacional) de dar conciertos monótonos. ¡Oiga, estamos hablando de una gira!, ¿qué pretende que haga? ¿Cambiar cada dos conciertos todo el repertorio? Eso es imposible. Hace poco menos de una semana la tomaban con otro grandísimo músico, pero en este caso la repercusión fue mayor: Phil Collins era denostado por los “expertos” de esta revista, hecho que fue recibido con un aluvión de críticas. Decir que la música del artista británico es para cuarentones trajeados es pecado. Pero la Rolling Stone, que se mueve por muchos intereses, es capaz de criticar fuertemente a un artista que ha vendido cientos de millones de discos (Phil Collins) y dejar impunes a los Pignoise y demás grupillos que nunca llegarán a vender en su-esperemos-corta carrera musical más de dos o tres millones de álbumes.
Como fan que soy de Bruce Springsteen y de la E-Street Band, me siento ofendido por el uso libre que utilizan de este músico y su banda. El ejemplo que quiero citar es el último concierto de la gira de Pereza, donde, en la crónica del mismo en la “revista”, se cita a la banda del de New Jersey en numerosas ocasiones. Señores cronistas de la Rolling, no tienen repertorio.
Y como no, para terminar de desprestigiar a la revista, le colocan a Loquillo unas gafas y le ponen a entrevistar a Ramoncín, el hombre que, según él, escribe mejores canciones que Bruce Springsteen. Y lo venden como un éxito, intentan vender a Ramoncín como salvador del rock español. ¡Qué vergüenza! A lo que ha llegado esto.  Encima, desde que tienen una web corrientucha, no deja de publicar listas y listas y listas y listas y listas y listas y listas de los diez mejores cantantes, los cincuenta peores grupos, los cuatro mil mejores guitarristas, los…¡Venga ya! No nos merecemos una revista de cotilleo en España, sino algo serio. Para mí Rolling Stone ha perdido todo el gusto por la verdadera música. Yo, comprador asiduo de la Rolling Stone desde hace casi tres años (tengo todos los números desde junio de 2008), digo NO rotundo a la dirección de la revista, y me niego a comprar un ejemplar más hasta que tome un rumbo distinto.

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Retrato de una canción (Antonio Machado)

Ayer, al irme a la cama, decidí coger de la estantería la antología de poemas de Antonio Machado. El cansancio hacía mella en mí, así que no me detuve a leer minuciosamente los poemas salvo uno. Un poema que me enseñó mi padre hace ya más de cuatro años y cuyo comienzo no olvido-ni olvidaré-; un poema que describe al poeta sevillano desde su infancia hasta su madurez, que aventura su “último viaje”: la muerte.

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, 
y un huerto claro donde madura el limonero…

Sigo leyendo. Machado se retrata poco a poco: su historia, su físico nada adulador, su pobre vestimenta, su carácter noble; deja claro que no tiene pagos a deber, que nadie nunca le ha regalado nada.

Llego al final. Un escalofrío recorre mi cuerpo.Cuatro versos que terminan el poema de una forma preciosa; triste, sí, pero preciosa.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Joan Manuel Serrat extrayendo de su obra algunos cantares los ha unido pudiendo conformar una letra preciosa para una excelente música, y a esa canción la bautizó “Cantares”, y le quedó genial.

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Blues de zapatilla

Tirar a la basura un par de mis playeras Nike favoritas es un ejercicio de fuerza de voluntad muy grande, un “pasar página” a la historia personal de cada uno porque, aún siendo un objeto material, algo inanimado, sin sentimientos, son una especie de grabadora del tiempo, álbum de recuerdos de adoquín y chicle, de césped fresco y de arena. Aunque no lo podemos ver las playeras de uno llevan un cuentakilómetros imaginario a ellas adosado, un instrumento que registra cada paso que das.  

Ahora, dejo de escribir; alzo la vista; recuerdo.

¿Por qué darle tanta importancia a un par de zapatos? Tal vez no haya respuesta. Esta entrada la maquiné ayer mientras tiraba a la basura el par de playeras. Al pisar el pedal que abre la tapa del cubo de la basura, vi la bolsa de plástico negro, negro como el futuro de aquellas playeras blancas-parecía una escena de yin yang, aunque nunca supe bien cuál era cuál-, negro como el agujero que absorbe una cantidad de materia para no regresarla jamás. Atónito por aquella improvisada fuente de inspiración, decidí lanzarme por la mañana sobre el teclado del ordenador y escribir una despedida como Dios manda a esos neumáticos que llevé durante un tiempo, a esas extensiones de mis piernas que me permitieron caminar más de lo debido, recorrer más de lo querido, andar más allá de lo meramente estipulado en un principio.

Queridas playeras Nike, os deseo un feliz viaje allá donde quiera que vayáis. Para mí siempre estaréis aquí, en mis pies.

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Trece Notas: Un poco de saxo para variar.

Llevo unos días muy jazzísticos y bluesísticos, mezclado todo con un poco de funk-groove…Vamos, que me he decantado por el Hammond, los metales, el piano, Rhodes, etc. Muchos nombres de músicos circulando estos días por mi ordenador. Renovarse o morir. Música instrumental es lo que toca en estos tiempos de la voz. Yo tenía un amigo al que, dentro de la música clásica, no le gustaba más que la ópera; no podía soportar música instrumental, necesitaba algo más. Así que este tema va dedicado a él y a todas las personas que necesitan palabras en sus oídos.

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