Archivo de la etiqueta: Society

Depredadores de informe y café

Amanece, es temprano. Leo la prensa,

agitado;
atraviesa el papel el miedo,
hay manchas de tinta emborronando la verdad.
Caducas son las palabras.
Me enveneno con la realidad
   -política y bombardeos,
      niños que mueren y banqueros,
       avaros mercaderes de sueños-,
se vuelve aún más amargo el café
y la tostada cae al suelo por el lado más delicioso.
‘Murphy, saciándose’, pienso
mientras me visto
   -camisa blanca y corbata,
       pantalones de ejecutivo;
         americana y gabardina; zapatos italianos-
y me dirijo al trabajo,
donde un jefe endemoniado me hará
pagar la osadía de querer aspirar
a una mesa y una silla
con un pequeño ventanal con vistas a la oficina
y al mar de documentos que se apilan
entre el hombre y la realidad.
Horas pasan
y se acumulan los años:
mismo estilo, mismos honorarios;
más canas, más patas de gallo
y un simple reflejo de lo que antaño fue una sonrisa.
‘Murphy, saciándose’, pienso
mientras me desvisto
   -la camisa sobrevuela el dormitorio
       hasta la almohada; la corbata,
         en el suelo; zapatillas italianas-
y me dirijo a la cama,
tras el tenue resultado de vivir en un mundo
de depredadores acechando
cuando uno siempre es la presa.
Huir a veces parece lo más sensato.

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

#RevoluciónPopularYa

– ¿Qué opinas de todo esto,
María Antonieta?- le preguntaron,
ya sin cabeza sobre el estrado.
Ella, altiva y muy coqueta,
respondió al populacho:

– Me siento feliz por haber vivido a vuestra costa,
por haberme beneficiado de cosas
que vosotros jamás habéis imaginado;
por ostentar lujo y poder
y oprimiros día y noche;
con permitirme derroches;
con no pagar por mis pecados
y castigaros por los vuestros.
Esta he sido yo,
la reina de todo,
del lujo y del oprobio,
del Cielo y del Infierno…
Y ahora que me hallo sin testa,
tras juzgar me habéis matado,
no rechisto, pues soy más digna
que todos vosotros, esclavos.

Y los ciudadanos avanzaron  sobre su cuerpo inerte,
pero de arrogancia latente,
para acabar al fin con todas las injusticias existentes:
los odios que rompieron familias,
las caricias que eran arañazos,
los sablazos y puñaladas traperas,
las esperas para ser ahorcados sin juicio
    -ella no recibió el mismo castigo-
y las usuras que sacan de quicio
a un pueblo,
un pueblo hermano
que aprendió a valerse por sí mismo
sin depender de un tirano.

*Esta entrada ha sido publicada 223 años después de la toma de la Bastilla en la Revolución francesa. Que el espíritu libertario de entonces no decaiga, paisanos.*

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

La Bolsa…o la vida

– Estamos en crisis total-le dije a mi amigo mientras pasaba de canal en canal con el mando a distancia.

Él me arrebató el control remoto, bajó un par de canales en la parrilla y me dejó a solas con la realidad:

– ¿Y cuándo no, amigo mío? Día a día que le llaman.

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Tercer aniversario de Blog in Trece

Por todos aquellos que aún están,
por aquellos que se fueron porque creían
      -tal vez ya no lo crean; tal vez sí-
que era conveniente cambiar.

Por aquellos que vinieron a cambiarme,
por aquellos que vinieron a cambiar;
por aquellos que buscaron y no encontraron,
por aquellos que aún siguen en el afán…

Brindo por aquellos
y por estos;
alzo mi copa por ellos
y por mí…
y me acuerdo de ti,
y de ti y de mí,
y del nos que fue
      -ese nos con aspiración de nosotros-
y del nos que será;
y me acuerdo de vos,
y os echo de menos a vosotros,
y más aún, a mí.

Gracias por compartir mis sueños durante tres años…¡y los que vengan!

2 comentarios

Archivado bajo Sin categoría

Feliz Navidad

Llevo varios días sin escribir por numerosos motivos de misma índole: el estudio. Cierto es que tampoco estoy muy inspirado últimamente para ofreceros alguna historia porque, realmente, estoy queriendo vivir una propia ajena a las que plasmo en este blog. Antes de comenzar a redactar esta entrada, me disponía a escribir otra muy distinta, una historia de las que suelo publicar en este espacio; sin embargo, tan pronto como llegó la inspiración a las primeras líneas, se fue. Así que decidí que algo que no puede faltar en este blog es una felicitación por las fiestas venideras, un clásico en esta sociedad moderna. Pensaréis que si os felicito se trata por un mero formalismo y, ojo, habréis dado en el clavo, pero también es algo grato y bonito ver por las calles, en los distintos establecimientos, en lugares de trabajo cómo la gente se felicita la Navidad y se desean lo mejor para el próximo año. Por tanto, no me queda más que enviaros el mismo mensaje que os transmitirán familia y amigos: espero que paséis una Feliz Navidad rodeados de vuestros seres queridos; que disfrutéis estos días al máximo, aunque mucho tengáis que estudiar; que os levantéis pensando que “cada día puede ser un gran día” y que aún quedan días mejores por delante; recibid el nuevo año con esperanza e ilusión, deseando vivir al máximo todo aquello que os propongáis o queráis hacer.

Sin más dilación, recibid un cordial saludo y un deseo-espero que mutuo- de más y mejores historias en el año 2012. 

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Llegó nuestro adiós, Mariela

Querida Mariela:

Sinceramente, desde que empezamos a tener nuestros roces y problemas, cuando comenzaron a llegar las discusiones y enfados tontos, creí que estábamos abocados a este fin. Nunca fue mi deseo, lógicamente, pero sí veía un destino incierto, y se cumplió. Por desgracia, ya no somos ni siquiera la sombra de lo que fuimos tiempo ha.
Mariela, nunca quise perderte, y sé que tú tampoco querías. Luchamos por mantener un barco que iba a la deriva, que parecía encallar en las rocas de los celos y el desencanto. Poco a poco, aquel barco que creímos insumergible, nuestro particular Titanic, se hundió merced de las aguas. ¿Qué nos pasó, Mariela? ¿A qué se debe tal desastre? ¿Tal vez nos quisimos demasiado? ¿Tal vez no soportábamos vernos en brazos de otros ni siquiera por un instante? Mariela, yo te quise mucho, y sé que tú también me quisiste mucho, pero ahora entiendo que en esta vida todo toma su final, y antes o después tenemos que saber cómo dar por finalizadas ciertas cosas. Tal vez quise retenerte más de lo debido, o pudiera ser que tú no supiste esperar lo suficiente para ver cómo iba a seguir aquello.
Hoy te vi, Mariela, y tú también me viste. Primero, de refilón; saliste por la puerta rápidamente, sin mirar atrás. Bajaste la cuesta con mucha celeridad. Me fijé en que no llevabas aquel bolso que yo te había regalado, tal vez por la de recuerdos que guardas en él, tal vez porque no te apetece llevarlo. Te seguí, pero porque llevaba hoy la misma ruta que tú. Nos volvimos a ver más adelante. Me escrutaste durante unos segundos de lejos y sé que me odiaste y me quisiste en esos momentos. Nos miramos desde nuestras miopías y sé que mezclamos en un mar de sentimientos todos los recuerdos que atesoramos: aquellos callejones en la noche, los escaparates de las tiendas abandonadas, los bares y pubs donde parábamos, los garages, los parques… Tal vez aquella sea la última imagen que tengas de mí antes de que mi vida cambie, porque va a cambiar, Mariela.
Y ya no sé qué más escribirte, Mariela, porque todo lo que he podido decirte, contarte, hablarte, susurrarte y murmurarte ya lo conoces. Tan solo quería darte la despedida que tú nunca quisiste concederme, la que realmente nos merecíamos.
Buena suerte en todo lo que hagas, Mariela. Siempre te recordaré desde el cariño.
Andrew Trece
“But don’t look back in anger I heared you say”

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

El Hombre Grande se unió a la banda

Le descubrí tarde. Por aquel entonces tenía yo once años y no le había cogido yo el punto al mundo de la música. Mi padre me llamó al salón y me dijo “siéntate aquí conmigo, están echando un concierto de Bruce Springsteen.” Y así hice. Me senté a su lado y comenzaron a tocar “Waitin’ on a sunny day.” Me di cuenta, meses más tarde, que aquel concierto del año 2002 en Barcelona que vi en televisión me había cambiado la vida. Poco a poco fui descubriendo el rock, pero sobre todo a Bruce Springsteen y su E-Street Band. ¡Menudo grupazo! Hace casi dos años fui por primera vez a un concierto del Boss. Fue en Valladolid y recuerdo que ese día, por la mañana, llovió; llovió de tal manera que creíamos que se iba a suspender, pero al final, como debería pasar siempre, salió el Sol. El concierto comenzaba a las nueve, pero, con tal de darle emoción, los músicos somos capaces de posponerlo hasta media hora. A las nueve y diez, más o menos, un carrito de golf hacía su aparición por la parte izquierda del escenario: el gran Clarence Clemons era conducido hacia él y todo el estadio rompió en vítores.

Tres horas de concierto sin parada. Impresionante.

Guardo un gran recuerdo de Clarence Clemons. Ayer falleció en Florida a causa de un derrame cerebral. Big Man, como era conocido, no pudo superarlo y se fue. Se nos fue. La Tierra es más pequeña desde que tú te fuiste, pero tu legado formará parte de los pilares que sostienen el mundo de la música, de eso no cabe la menor duda.

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría